Del gran poeta todos esperaban,
en su lecho de muerte,
frases grandiosas como adornado colofón de una vida brillante entre letras
o acaso tres palabras crípticas para los fanáticos y los estudiosos.
Pero tras un acceso de tos,
saliendo brevemente del letargo amorfo
de la morfina,
como quién sube a la superficie a tomar aire,
con un aliento de consomé podrido,
apenas alcanzó a preguntar:
“¿Qué día es hoy?”
y luego se murió.
Y en su epitafio a petición expresa de su mejor y único amigo
escribieron: “Aquí yace… quién demostró en vida que puede morir el corazón
y seguir vivo el cuerpo, y que es posible vivir de suertes poéticas
entre los imbéciles y los perplejos.”
miércoles, marzo 04, 2009
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