Hoy desperté de un mal sueño, sobre el fondo arenoso de mi acuario, sudando, con un dolor de cabeza detrás de los ojos. Una vez que yo no quería ir a trabajar le dije a mi padre: hoy no quiero ir a trabajar. Él me contestó que esos días eran los buenos. Entonces estos días son los buenos. No sé para qué. Será acaso porque nos dan oprotunidad de vencernos, de luchar contra nosotros mismos. Todo esto suena tanto a basura de autosuperación. Si yo pudiera creer en uno de esos manuales de cómo ser una mejor persona, de cómo vivir el ahora, de cómo ser millonario... si yo pudiera.
Así uno se va volviendo viejo, deja de hacer las cosas que realmente importan: comes cualquier cosa, duermes mal, descuidas a la gente que amas, se te va olvidando el placer, el sexo. Así es cómo yo me voy haciendo viejo. Quizás ya lo soy. No veo por qué ser optimista, no sé cómo engañarme.
P.S. Si uno lo piensa un poco, una piramide no es más que un amontonamiento de piedras llevado a su máxima expresión. Ah, sí, la grandeza de los mayas.
miércoles, junio 24, 2009
martes, junio 23, 2009
Ideas al aire
El pasado es el feliz lugar de los muertos, de los árboles petrificados. El pasado es el cuarto donde tú y yo fuimos felices, donde cantamos canciones a la tarde que moría, donde jugamos ajedréz y bebimos despreocupados, donde nos amamos incansablemente hasta hacernos daño, no importa quién seas tú ni quién sea yo. El pasado es un lugar seguro, un cubo de hielo, un cuadro en el que pintamos un cementerio. Yo vivo la mayor parte del tiempo en el pasado. Morir es volverse pasado. Todo lo pasado está condenado al olvido, todos los nombres serán olvidados. Y eso es todo, no hay giro ni nudo maestro para rematar bellamente esta idea.
Hoy hace muchísimo calor en Playa. Me quejo de mi trabajo porque ese es mi trabajo pero se está muy bien dentro del aire acondicionado pensando en el pasado.
P.S. Ojalá tuviera una bonita imagen para adornar esta entrada.
Hoy hace muchísimo calor en Playa. Me quejo de mi trabajo porque ese es mi trabajo pero se está muy bien dentro del aire acondicionado pensando en el pasado.
P.S. Ojalá tuviera una bonita imagen para adornar esta entrada.
martes, junio 16, 2009
Despertar-Trabajar
Desperté y el genio ya no estaba ahí, descubrí que el genio nunca estuvo ahí, todo fue alucinación, sueño. Desperté, estaba más viejo, todo había envejecido, habían crecido peces en el agua estancada de la bañera, árboles salían de la caja de pan, los libros habían sido devorados por las polillas. Mi familia era sólo un recuerdo. Me anudé la corbata y fui a la oficina. Eso seguía ahí, me había estado esperando.
Como dice la Mala "trabajar cuesta mucho trabajo".
Como dice la Mala "trabajar cuesta mucho trabajo".
viernes, junio 05, 2009
A putear again
Chale...
Está bien, eso quería no? Un trabajo. Dios, necesito dinero y ocuparme en algo, dije, yo que ni creo en Dios (sabes que estoy bromeando verdad?), terapia ocupacional, aprender cómo se inicia un restaurante, un trabajo para aprender y echar a perder con el dinero ajeno, lo pedía a gritos, no?
Pues ahí está. Concedido. ¿Por qué, entonces, no estoy exultante? Bueno, supongo que ahora que mi tiempo fue comprado por unos cuántos pinches miles de pesos al mes, ahora que tendré de nuevo que cumplir con un horario y hacer mías frases promocionales como aquella de "vivir es increíble", ahora que tendré que recorrer los 30 km que me separan del nuevo trabajo, ahora ya no tendré tiempo de pendejear felizmente en este cafecito, del que he llegado a pensar que soy el único cliente: como veinte mesas vacías y yo que nomás pido el café más bara, je je, con razón como que a los empleados no les da mucho gusto verme entrar. Seguro que dicen "ahí viene esté huevón que nomás pide un cafecito y se queda cinco horas". Pues ahora eso se acabó y ahuevo que me van a extrañar... cuando menos un poquito. No más mañanas libres para nadar en el mar, no más dar vueltas en la sala esperando el momento adecuado.
Supongo que de eso se trata todo esto, supongo que está bien, supongo que... qué se le va a hacer, qué nos queda sino putear como todos: el dinero, la renta, las cosas que no necesitamos pero cómo me hacen falta unos zapatos, un nuevo bañador, un playstation 3, la nueva temporada de House, cable, internet, el disco de los YYY's, el nuevo de FFerdinand, cuánto me hace falta esa nueva batería de acero inoxidable o la de aluminio anodizado que se puede meter tranquilamente al horno. Carajo, ya me gasté como 4 meses de sueldo. Qué nos queda, que pierdan toda esperanza los que aquí entran.
Está bien, eso quería no? Un trabajo. Dios, necesito dinero y ocuparme en algo, dije, yo que ni creo en Dios (sabes que estoy bromeando verdad?), terapia ocupacional, aprender cómo se inicia un restaurante, un trabajo para aprender y echar a perder con el dinero ajeno, lo pedía a gritos, no?
Pues ahí está. Concedido. ¿Por qué, entonces, no estoy exultante? Bueno, supongo que ahora que mi tiempo fue comprado por unos cuántos pinches miles de pesos al mes, ahora que tendré de nuevo que cumplir con un horario y hacer mías frases promocionales como aquella de "vivir es increíble", ahora que tendré que recorrer los 30 km que me separan del nuevo trabajo, ahora ya no tendré tiempo de pendejear felizmente en este cafecito, del que he llegado a pensar que soy el único cliente: como veinte mesas vacías y yo que nomás pido el café más bara, je je, con razón como que a los empleados no les da mucho gusto verme entrar. Seguro que dicen "ahí viene esté huevón que nomás pide un cafecito y se queda cinco horas". Pues ahora eso se acabó y ahuevo que me van a extrañar... cuando menos un poquito. No más mañanas libres para nadar en el mar, no más dar vueltas en la sala esperando el momento adecuado.
Supongo que de eso se trata todo esto, supongo que está bien, supongo que... qué se le va a hacer, qué nos queda sino putear como todos: el dinero, la renta, las cosas que no necesitamos pero cómo me hacen falta unos zapatos, un nuevo bañador, un playstation 3, la nueva temporada de House, cable, internet, el disco de los YYY's, el nuevo de FFerdinand, cuánto me hace falta esa nueva batería de acero inoxidable o la de aluminio anodizado que se puede meter tranquilamente al horno. Carajo, ya me gasté como 4 meses de sueldo. Qué nos queda, que pierdan toda esperanza los que aquí entran.
No sé muy bien como escribir lo que quiero escribir y así lo escribo
Leo en el dolor ajeno mi propio dolor, en el desamor de mi amiga veo el tiempo cadáver que me apestó el alma durante largos años. Lo mejor es que la gente se vaya, que se larguen todos, que dejen espacio libre, el pensamiento infinito, el dolor puro. No hay consuelo que sirva si el dolor es auténtico, no hay analgésico que pueda contra una buena migraña, contra un inclemente dolor de muelas no hay suficiente ibuprofeno. Dónde estabas cuando víctima de un dolor gemelo me revolcaba en los baños inmundos buscando a una que puteara coqueta con mi gesto de espantapájaros, todo yo convertido en un gesto de espantapájaros con una libretita sucia en el bolsillo. Quisiera abrazarte a ti y a todas las descorazonadas del mundo pero ya no me alcanzan los brazos y mi corazón es un terreno baldío donde crece la yerba y me importa muy poco. Los pasajeros se perdieron, se arrojaron del vehículo en movimiento como perros estúpidos detrás de otras perras, así que deja que el automóvil se siga moviendo y ven al mar un día, nada con las mantarrayas, persigue tortugas y escribe.
jueves, mayo 21, 2009
Me chingaron mi trapito azul
Puras malas noticias. Que la economía mundial está hecha una mierda y la mexicana seguirá más y más jodida por culpa de la crisis que "vino de afuera" y la influenza, el catarrito que nos dio, o sea que por ahí del 2012-2013 igual, con un poco de suerte, volveremos a ver un rayito de luz. Se habrán perdido de nuevo una o dos décadas de "avance" y las generaciones perdidas seguiremos engrosando las filas de la frustración. Y tú, el que se está riendo, mejor trabaja y ya levántate temprano.
Mis pesadillas recurrentes de los últimos días están relacionadas con los días pasados en la universidad, estoy ahí, en un pupitre y pasan cosas que pasan en cosas como aulas, estoy terminando en el sueño lo que en la vida dejé inconcluso y es un sueño triste e inquietante, es sólo un sueño pero al mismo tiempo es un círculo vicioso que es a la vez una espiral descendiendo, generalmente despierto de esos sueños de muy mal humor, hago un desayuno insípido, maldigo mi destino de ama de casa y desempleado. Me miro al espejo, saludo a don Frustado Alcántara. Doy gracias a Dios por el milagro de un nuevo día. Me doy ánimos, me palmeo los cachetes, miro con saña esa cana que me ha salido en la barba, pienso en el día que se abre frente a mí como un abismo y una puerta que rechina. No sé cómo explicarlo. Todos alguna vez descubrimos el tiempo como un montón de libros apilados y cubiertos de polvo (en verdad leíste esos libros, ¿en verdad?), todo lo vivido es tan difuso, tan esteril, pero pasan, ustedes, no yo, a otra cosa, como el desayuno, el baño matutino, el trabajo que se odia o se ama... pero yo no, yo no paso a lo que sigue, mi mente se arremolina en la sensación de muerte que da pensar en el tiempo que se escurre y se empoza y fluye y no. No sé cómo explicarlo, de verdad que no. Y no quisiera dejarme vencer por el cinismo pero ya se sabe cómo soy.
He llevado el auto a lavar. Sí, ya sé que si lo lavara yo sería una actividad que quizá me sacase de mís mórbidas fijaciones pero no lo hago porque no tengo aspiradora y por lo general lo que más me preocupa en este clima de trópico húmedo es el interior, el exterior generalmente está cubierto por una mezcla de polvo de carretera y brisa marina, nada que hacer contra eso, así que prefiero llevarlo al auto lavado donde lo aspiran y le sacuden los tapetes. Pero, oh hados malignos! Hoy me robaron el trapito azul que cargo siempre para limpiar mis lentes, los espejos, el tablero. En cuanto noté su ausencia, reclamé al tipo que detalló el auto, dijo no saber nada, y era verdad, vi en sus ojos el temblor de la verdad, de la sorpresa, no sé, señor, no creo, etc. Estuve a punto de pedir que viniera el gerente, vociferar, desenmascarar el hurto, pero algo dentro de mí, un miedo al ridículo, devastador y paralizante, me hizo desistir, me hizo pensar, no mames, no vas a hacer tanto pinche escándalo por un trapito. Claro que no era cualquier trapito, era un buen trapito, de marca scotch brite, fabricado con microfibra que no rallaba los lentes y arrancaba polvo y grasa con sutil diligencia. Pero sólo era un trapito. Le dije al subhumano que aspiró el auto (sí, soy un pinche clasista) las virtudes de mi trapito, de la microfibra, el miro su trapo de franela y no pareció comprender que el progreso tecnológico pudiese aplicarse a un trapo, que chingados, es sólo un trapo, pensó seguramente, pinche burgués con su trapito chingón.
Así que me retiré con mi auto pero sin mi trapito azul. Estaba, estoy, muy encabronado, porque no es posible que en todos lados te quieran chingar por el puro placer de chingarte, que una persona decente no pueda tener su trapito azul, que en todos lados tengas que andarte cuidando de los rateros, que no puedas confiar en nadie porque estamos como en una regadera de prisión donde si se te resbala el jabón y te agachas a recogerlo, bueno ya se sabe.
Mis pronósticos son que seguirá el mal tiempo, habrá guerra, más enfermedades, más violencia, más pobreza y muerte por doquier, los políticos seguirán fortaleciendo la partidocracia , enriqueciendo sus arcas, habrá cada vez más guardias de seguridad y el rumbo de la civilización seguirá basado en la avaricia y en la explotación del hombre por el hombre. El dinero seguirá siendo más libre que las personas. (Entra al lugar una familia con tres niños muy pequeños, carajo, cómo puede la gente tener hijos, deseando tenerlos, teniéndolos, ¿qué hacen con su conciencia?, ¿saben a dónde los trajeron?) Desaparecerán como las conocemos estas libertades que da la red. Y lo más probable es que yo siga en este limbo bovino. Pero casi siempre me equivoco así que hay esperanza. Sí cómo no.
Mis pesadillas recurrentes de los últimos días están relacionadas con los días pasados en la universidad, estoy ahí, en un pupitre y pasan cosas que pasan en cosas como aulas, estoy terminando en el sueño lo que en la vida dejé inconcluso y es un sueño triste e inquietante, es sólo un sueño pero al mismo tiempo es un círculo vicioso que es a la vez una espiral descendiendo, generalmente despierto de esos sueños de muy mal humor, hago un desayuno insípido, maldigo mi destino de ama de casa y desempleado. Me miro al espejo, saludo a don Frustado Alcántara. Doy gracias a Dios por el milagro de un nuevo día. Me doy ánimos, me palmeo los cachetes, miro con saña esa cana que me ha salido en la barba, pienso en el día que se abre frente a mí como un abismo y una puerta que rechina. No sé cómo explicarlo. Todos alguna vez descubrimos el tiempo como un montón de libros apilados y cubiertos de polvo (en verdad leíste esos libros, ¿en verdad?), todo lo vivido es tan difuso, tan esteril, pero pasan, ustedes, no yo, a otra cosa, como el desayuno, el baño matutino, el trabajo que se odia o se ama... pero yo no, yo no paso a lo que sigue, mi mente se arremolina en la sensación de muerte que da pensar en el tiempo que se escurre y se empoza y fluye y no. No sé cómo explicarlo, de verdad que no. Y no quisiera dejarme vencer por el cinismo pero ya se sabe cómo soy.
He llevado el auto a lavar. Sí, ya sé que si lo lavara yo sería una actividad que quizá me sacase de mís mórbidas fijaciones pero no lo hago porque no tengo aspiradora y por lo general lo que más me preocupa en este clima de trópico húmedo es el interior, el exterior generalmente está cubierto por una mezcla de polvo de carretera y brisa marina, nada que hacer contra eso, así que prefiero llevarlo al auto lavado donde lo aspiran y le sacuden los tapetes. Pero, oh hados malignos! Hoy me robaron el trapito azul que cargo siempre para limpiar mis lentes, los espejos, el tablero. En cuanto noté su ausencia, reclamé al tipo que detalló el auto, dijo no saber nada, y era verdad, vi en sus ojos el temblor de la verdad, de la sorpresa, no sé, señor, no creo, etc. Estuve a punto de pedir que viniera el gerente, vociferar, desenmascarar el hurto, pero algo dentro de mí, un miedo al ridículo, devastador y paralizante, me hizo desistir, me hizo pensar, no mames, no vas a hacer tanto pinche escándalo por un trapito. Claro que no era cualquier trapito, era un buen trapito, de marca scotch brite, fabricado con microfibra que no rallaba los lentes y arrancaba polvo y grasa con sutil diligencia. Pero sólo era un trapito. Le dije al subhumano que aspiró el auto (sí, soy un pinche clasista) las virtudes de mi trapito, de la microfibra, el miro su trapo de franela y no pareció comprender que el progreso tecnológico pudiese aplicarse a un trapo, que chingados, es sólo un trapo, pensó seguramente, pinche burgués con su trapito chingón.
Así que me retiré con mi auto pero sin mi trapito azul. Estaba, estoy, muy encabronado, porque no es posible que en todos lados te quieran chingar por el puro placer de chingarte, que una persona decente no pueda tener su trapito azul, que en todos lados tengas que andarte cuidando de los rateros, que no puedas confiar en nadie porque estamos como en una regadera de prisión donde si se te resbala el jabón y te agachas a recogerlo, bueno ya se sabe.
Mis pronósticos son que seguirá el mal tiempo, habrá guerra, más enfermedades, más violencia, más pobreza y muerte por doquier, los políticos seguirán fortaleciendo la partidocracia , enriqueciendo sus arcas, habrá cada vez más guardias de seguridad y el rumbo de la civilización seguirá basado en la avaricia y en la explotación del hombre por el hombre. El dinero seguirá siendo más libre que las personas. (Entra al lugar una familia con tres niños muy pequeños, carajo, cómo puede la gente tener hijos, deseando tenerlos, teniéndolos, ¿qué hacen con su conciencia?, ¿saben a dónde los trajeron?) Desaparecerán como las conocemos estas libertades que da la red. Y lo más probable es que yo siga en este limbo bovino. Pero casi siempre me equivoco así que hay esperanza. Sí cómo no.
viernes, mayo 15, 2009
15052009
Hoy en Cancún hace mucho calor. Dormí hasta tarde con el ventilador prendido, apuntándome. Soñé que mi padre llamaba y me preguntaba por el clima.
-¿Hay mucho viento?- preguntaba
- No, está muy tranquilo, muy bien para venir a la playa -le respondía yo entre risas porque mientras lo decía veía como el viento despedazaba varias sombrillas entre ellas la mía.
La última vez que escribí aquí dije que iría a la playa, lo hice y estuvo bien. Para le gente que tiende a la depresión es bueno un poco de sol cada día. Nada peor que la caverna para ponerse triste. La caverna es cuando uno se tira en la cama, cierra las cortinas y pasa en tinieblas la mayor parte del día pensando que la vida no vale nada.
En la playa hay un pequeño bar. Lo atiende una canadiense. Es amable como esperaría uno que fuera una canadiense en el trópico. Es rubia, tiene la piel hecha pedazos por el sol, seguramente tiene menos años de los que aparenta. Aparenta más de 45. Pido una cerveza: Modelo especial esta vez.
Esta es una de esas situaciones en las que se me antoja muchísimo un cigarrillo de tabaco; debe haber una estrecha vinculación en alguna parte de mi laberinto entre playa, cerveza, cigarrillo. Pero no hay cigarrillos y no me animo a pedir uno regalado. Esa y otras cosas más me hace tan extraño, soy demasiado misántropo para andar solo. Ahora que lo pienso no sé cómo lo he logrado cuando he viajado solo, cómo he conseguido conocer gente, debe ser porque la gente es muy sociable, o sólo tengo suerte. Recuerdo una chica indigente en Faro a la que le obsequié el resto de una mariguana que una amiga me había regalado en Pontevedra, la había estado mirando recoger colillas del piso, juntando el poco hachís que pudiera quedar entre el papelillo humedecido y el tabaco, platicamos poco, ella pensaba que acá era mucho mejor que ahí. Tenía ese mal de creer que lo peor sucede siempre aquí y ahora. No recuerdo su nombre. No tomé fotos de ella. Al despedirnos me preguntó si podía darme un beso. Por supuesto que no, le dije... no es cierto, nos besamos las mejillas, dos completos desconocidos de dos extremos del mundo. Adios, adios. Nada, no hay magia en la anécdota, cualquier maldito drogadicto querría besar al que le regala droga.
La canadiense parecía aburrirse bastante en el bar. ¡Cómo será el hastío que se desliza por cualquier fisura, que te lo puedes encontrar en cualquier paraíso, natural o artificial!
Luego me fui a nadar un rato. Vi pocos peces pero encontré tres galletas de mar y molesté a un cangrejo blanco, no le hice daño, sólo lo vi cuando intentaba esconderse enterrándose en la arena, lo agarré, le dije con que te querías esconder, eh? luego lo dejé en el lecho y se enterró inmediatamente perdiéndose de vista. Pequeños significados, eso es el mundo, un conjunto infinito de pequeños significados chocando locamente entre sí. O tal vez sea que yo no sé español.
PS. ¿Ya qué?
-¿Hay mucho viento?- preguntaba
- No, está muy tranquilo, muy bien para venir a la playa -le respondía yo entre risas porque mientras lo decía veía como el viento despedazaba varias sombrillas entre ellas la mía.
La última vez que escribí aquí dije que iría a la playa, lo hice y estuvo bien. Para le gente que tiende a la depresión es bueno un poco de sol cada día. Nada peor que la caverna para ponerse triste. La caverna es cuando uno se tira en la cama, cierra las cortinas y pasa en tinieblas la mayor parte del día pensando que la vida no vale nada.
En la playa hay un pequeño bar. Lo atiende una canadiense. Es amable como esperaría uno que fuera una canadiense en el trópico. Es rubia, tiene la piel hecha pedazos por el sol, seguramente tiene menos años de los que aparenta. Aparenta más de 45. Pido una cerveza: Modelo especial esta vez.
Esta es una de esas situaciones en las que se me antoja muchísimo un cigarrillo de tabaco; debe haber una estrecha vinculación en alguna parte de mi laberinto entre playa, cerveza, cigarrillo. Pero no hay cigarrillos y no me animo a pedir uno regalado. Esa y otras cosas más me hace tan extraño, soy demasiado misántropo para andar solo. Ahora que lo pienso no sé cómo lo he logrado cuando he viajado solo, cómo he conseguido conocer gente, debe ser porque la gente es muy sociable, o sólo tengo suerte. Recuerdo una chica indigente en Faro a la que le obsequié el resto de una mariguana que una amiga me había regalado en Pontevedra, la había estado mirando recoger colillas del piso, juntando el poco hachís que pudiera quedar entre el papelillo humedecido y el tabaco, platicamos poco, ella pensaba que acá era mucho mejor que ahí. Tenía ese mal de creer que lo peor sucede siempre aquí y ahora. No recuerdo su nombre. No tomé fotos de ella. Al despedirnos me preguntó si podía darme un beso. Por supuesto que no, le dije... no es cierto, nos besamos las mejillas, dos completos desconocidos de dos extremos del mundo. Adios, adios. Nada, no hay magia en la anécdota, cualquier maldito drogadicto querría besar al que le regala droga.
La canadiense parecía aburrirse bastante en el bar. ¡Cómo será el hastío que se desliza por cualquier fisura, que te lo puedes encontrar en cualquier paraíso, natural o artificial!
Luego me fui a nadar un rato. Vi pocos peces pero encontré tres galletas de mar y molesté a un cangrejo blanco, no le hice daño, sólo lo vi cuando intentaba esconderse enterrándose en la arena, lo agarré, le dije con que te querías esconder, eh? luego lo dejé en el lecho y se enterró inmediatamente perdiéndose de vista. Pequeños significados, eso es el mundo, un conjunto infinito de pequeños significados chocando locamente entre sí. O tal vez sea que yo no sé español.
PS. ¿Ya qué?
miércoles, mayo 13, 2009
13052009
Esta triste mímica cada mañana, siempre igual, siempre encender la computadora, servir el café, sentarse a ver pasar las ideas, ensayar algunas líneas, frases sin oración, nada. No recuerdo ya cuándo fue que me volví fantasma. Tras la persiana de palitos mi cuerpo se difumina y desde la calle sólo soy una silueta que espía y asusta a los escasos peatones, nadie camina por mi calle, casi nadie pasa, nada pasa tampoco. Condición de lecho de río sin agua, pedazo de coral tendido sobre la arena, cedazo roto, condición de pluma sin tinta, vehículo sin motor.
Voy a ensayar palabras sólo para probar que soy sublime, voy a cantar como un grillo atrapado en un frasco para comprobar que nadie escucha, voy a alimentar con mi cuerpo de insecto al gran sapo del mundo. El gran sapo del mundo no descansa, es insaciable, nunca para de comer, siempre parece que va a reventar, muchos esperan ansiosos el momento del estallido pero el sapo no revienta, se hincha, sus dimensiones no son de este mundo.
Escucho la radio (radio fórmula) y redescubro mi soledad, el que habla en la radio es un fascista, un maldito manipulador (ganas terribles de vomitar y llorar al mismo tiempo). Pero no hay más, es lo que hay, eso y otro muy parecido o quizá peor y otro que es un imbécil y manda “saluditos” fondeándose con música pop-o y también está la radio de rancheras o norteñas, puro sentimentalismo y mal gusto enlatado. ¿Qué fue del mundo? ¿A dónde se fueron todos? ¿Qué desastre nos redujo a esto? ¿Qué hice con mis amigos? Dios, si es que estás ahí, escucha con tus infinitas antenas parabólicas… qué has de escuchar, tú que ya escuchaste todo, tú que no estás ni existes más allá de esta conciencia de simio. Dios, no te veo, no te creo. Dios, estoy tan triste. ¿Cómo es que en la miseria puedo ser tan vasto?
Estoy en una isla, eso es. Mi mujer no me comprende y aún así me ama. Eso debería bastarme. Pero tengo la enfermedad de la sed que no se sacia, el mal del sapo del mundo. No recuerdo que mal naufragio me escupió a esta condición, acaso fueron varios. ¿De qué hablo? ¿Sabes tú de qué hablo?
Cuando estaba en la ciudad me quejaba de la ciudad, del exceso de autos y de pavimento, de la falta de parques y lugares de esparcimiento. Lo que está mal del mundo soy yo, yo y mi eterno esparcimiento. No trabajo, dicen que porque soy muy holgazán, dicen que porque soy un cínico, dicen y dicen cosas, casi ninguna es falsa. Mis días se escurren sin gloria hacia el gran agujero de mi muerte. ¿Por qué tantos años?
Pero el mar está aquí, a un par de kilómetros y tengo un buen auto que me lleva en menos de 10 minutos. Voy a dejar de escribir todas estas estupideces y mejor iré a mirar el mar.
Voy a ensayar palabras sólo para probar que soy sublime, voy a cantar como un grillo atrapado en un frasco para comprobar que nadie escucha, voy a alimentar con mi cuerpo de insecto al gran sapo del mundo. El gran sapo del mundo no descansa, es insaciable, nunca para de comer, siempre parece que va a reventar, muchos esperan ansiosos el momento del estallido pero el sapo no revienta, se hincha, sus dimensiones no son de este mundo.
Escucho la radio (radio fórmula) y redescubro mi soledad, el que habla en la radio es un fascista, un maldito manipulador (ganas terribles de vomitar y llorar al mismo tiempo). Pero no hay más, es lo que hay, eso y otro muy parecido o quizá peor y otro que es un imbécil y manda “saluditos” fondeándose con música pop-o y también está la radio de rancheras o norteñas, puro sentimentalismo y mal gusto enlatado. ¿Qué fue del mundo? ¿A dónde se fueron todos? ¿Qué desastre nos redujo a esto? ¿Qué hice con mis amigos? Dios, si es que estás ahí, escucha con tus infinitas antenas parabólicas… qué has de escuchar, tú que ya escuchaste todo, tú que no estás ni existes más allá de esta conciencia de simio. Dios, no te veo, no te creo. Dios, estoy tan triste. ¿Cómo es que en la miseria puedo ser tan vasto?
Estoy en una isla, eso es. Mi mujer no me comprende y aún así me ama. Eso debería bastarme. Pero tengo la enfermedad de la sed que no se sacia, el mal del sapo del mundo. No recuerdo que mal naufragio me escupió a esta condición, acaso fueron varios. ¿De qué hablo? ¿Sabes tú de qué hablo?
Cuando estaba en la ciudad me quejaba de la ciudad, del exceso de autos y de pavimento, de la falta de parques y lugares de esparcimiento. Lo que está mal del mundo soy yo, yo y mi eterno esparcimiento. No trabajo, dicen que porque soy muy holgazán, dicen que porque soy un cínico, dicen y dicen cosas, casi ninguna es falsa. Mis días se escurren sin gloria hacia el gran agujero de mi muerte. ¿Por qué tantos años?
Pero el mar está aquí, a un par de kilómetros y tengo un buen auto que me lleva en menos de 10 minutos. Voy a dejar de escribir todas estas estupideces y mejor iré a mirar el mar.
martes, mayo 12, 2009
Hay mujeres que son como una maldición
y nos acompañan la vida entera
en secreto silencio
nos habitan
son inmensas como el mar
están hechas de tiempo
invaden algunos días soleados
como bruma
como una marabunta
un río-laberinto de telaraña
pero yo te tengo a ti
dulce amada mía
y eres pura
como lo que ya no existe
y me amas
yo soy tu perro
y te amo perramente
y nos acompañan la vida entera
en secreto silencio
nos habitan
son inmensas como el mar
están hechas de tiempo
invaden algunos días soleados
como bruma
como una marabunta
un río-laberinto de telaraña
pero yo te tengo a ti
dulce amada mía
y eres pura
como lo que ya no existe
y me amas
yo soy tu perro
y te amo perramente
Nada me inspira el mar sino compasión y nostalgia
pero siempre miento
sobre lo que siento
lo que siento sólo es lo que miento
lo que pienso no soy
soy lo que miento que soy
lo que disfrazo de piensos
(Mi olfato ha ido muriendo con los años
con los daños)
Soy un hombre dañado
los restos de un banquete
del que todos se fueron con hambre
o quejándose de agruras
(dispepsia del alma)
y del pésimo cocinero
Soy lo que miento
lo que he mentido ser
soy
Escribir es sólo otra misteriosa forma de roncar
sin hacer ruido
escribir es sólo otra apnea de sueños
sumergirse en otro sueño y mirarse las entrañas
como si fuesen un crucigrama.
pero siempre miento
sobre lo que siento
lo que siento sólo es lo que miento
lo que pienso no soy
soy lo que miento que soy
lo que disfrazo de piensos
(Mi olfato ha ido muriendo con los años
con los daños)
Soy un hombre dañado
los restos de un banquete
del que todos se fueron con hambre
o quejándose de agruras
(dispepsia del alma)
y del pésimo cocinero
Soy lo que miento
lo que he mentido ser
soy
Escribir es sólo otra misteriosa forma de roncar
sin hacer ruido
escribir es sólo otra apnea de sueños
sumergirse en otro sueño y mirarse las entrañas
como si fuesen un crucigrama.
Perro de traspatio
Desde la ventana de mi cuarto veo el patio de la casa de atrás. Sobre un montículo de escombros, cercado, confinado al olvido del patio trasero, está un perro negro, mirando hacia la calle. No importa que llueva ni que el sol en perfecta vertical le caiga a quemarropa, el perro siempre está ahí, mirando la calle, atento a cualquier cosa que pase, lo que pasa por la calle es lo único que pasa en la vida del perro. A veces me he preguntado qué es lo que pasará por su mente de perro cuando en la calle nada pasa, en qué piensa cuando observa concentrado un punto fijo en la calle desierta, durante horas. Luego pienso en el niño que vive dentro de mí y que se aburre mirando a través de una ventana; a veces el niño se parece tanto al perro que vive en el patio atrás de esa casa que desde mi ventana veo. ¡Dios, yo soy ese perro!
viernes, mayo 08, 2009
Estampa del puerto
Hay un gringo en el mostrador, vino a hacer un scan; cuando termina, en su perfecto inglés que nadie más nota y que para nada le sirve aquí, pregunta por una peluquería mientras le entregan su cambio. La que atiende le pregunta a la que no atiende, cuesta trabajo saber cuál es cuál, se parecen tanto, se funden se espejean: ¿Que dónde hay una peluquería? La que no atiende despega los ojos del monitor: está pasando la iglesia todo derecho, dice con infinita hueva. La que atiende repite al gringo: está pasando la iglesia todo derecho. El gringo no entiende un carajo pero hace como que entiende. Sale.
jueves, mayo 07, 2009
lunes, abril 27, 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
