miércoles, octubre 08, 2008

Recorte de La Jornada

Estampas de la recesión
Al norte de la ciudad de Los Angeles, en California, se encuentra el Valle de San Fernando, colorida comarca donde vive gente acomodada. Uno de sus residentes, Karthik Rajaram, de 45 años, había ganado mucho dinero en la bolsa en años recientes. La semana anterior se hizo de una pistola y el sábado mató a cinco miembros de su familia y luego se suicidó. Asesinó a su esposa, a su suegra y a sus tres hijos. Dejó tres cartas póstumas: explica que tomó la decisión porque el desplome de la bolsa lo dejó en la ruina.


Tomado de la columna Dinero de Enrique Galván Ochoa

Más doblepensar

“Estados Unidos es la fuerza más grande por el bien en la historia del mundo... Somos los hacedores de paz, los mantenedores de la paz”.
John McCain
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From Airstrip 13

La historia no es el pasado, no es lo que pasó,
la historia es lo que quieren que pensemos que pasó:
¿quiénes quieren? No lo sé.
Nuestra primera escuela fue un lavado profundo,
una aplanadora de pensamiento,
un animal tractor que desmonta la selva.
Se levanta el telón
hay un hipnotista de smoking rojo
muestra un reloj, lo convierte en péndulo
y nos desafilan, nos circuncidan la conciencia.
Olvidamos,
el pasado es cosa que se pierde en la espiral del tiempo.
Mientras nosotros olvidamos
ellos re escriben la historia,
¿quiénes son ellos? No lo sé.
Nunca los vi,
cuando quise colarme a su fiesta
disfrazado de chef
siguiendo los consejos de don gato
me sacaron los guardias
me lanzaron de aguilita a la calle
sólo vi algunos rostros,
pero fue desde muy lejos

ORWELL u were right!

Zona de desastre

Pero debería de reírme más, embriagarme un poco:
Sí, tomar whiskey por las mañanas.



¿Podremos ser optimistas? ¿Otra vez nos van a regresar 20 años? ¿Otra crisis? No sé si llorar, reír o dormir. Los noticieros y periódicos están saturados por la noticia de un derrumbe. En el fondo algunos sabíamos que esto iba a suceder o lo intuíamos. Otros, los dueños del dinero, lo sabían completamente. Es mentira que eso esté fuera de control. Ya lo hemos visto, después de este torbellino financiero, esta grotesca devaluación del peso frente al dólar, saldremos, como siempre, varios años más pobres. Y al parecer no hay a quien culpar, el sistema globalizado ha vuelto a los dueños del dinero casi invisibles: los ricos, después de esto, seguirán más ricos, los pobres más pobres: más y más pobres. Me sorprende como el sistema se perfecciona para someternos, se difumina, se rodea de incomprensibles tecnicismos, fabrica monstruosos laberintos de flujo de poder; el sistema es dueño del dinero, de la tierra, del agua, de todos los recursos; todo el sistema está hecho para perpetuarse, para auto-reproducirse; el sistema es un cáncer. ¿Pero quién es el sistema? ¿Quién el malo? ¿Quién el súper Boss? ¿Bush? ¿Dónde están las oficinas del verdadero gobierno, a quién hay que derrocar? No lo sé, tal vez haya que derribar todo, como se ha hecho antes, pero no lo sé, tal vez ni siquiera se haya derribado todo alguna vez, tal vez el Big Boss no es uno, sino varios, sino todos nosotros, en cierta forma, (claro que estoy pensando en el Big Brother) lo único que yo sé de todo esto es que los ricos saldrán más ricos, los pobres más pobres; cómo destruyes a un enemigo que posee el encantamiento de la ubicuidad y la ha perfeccionado durante miles de generaciones. En el fondo del misterio, detrás de la gran mentira, todo estuvo orquestado, todo va de acuerdo con un plan, ya ha pasado y volverá a pasar.

El fin de semana pasado noté que en el supermercado las estampitas de los precios habían sido arrancadas. Ahí vienen los aumentos, pensé. La ambición de los banqueros no conoce límites, no son humanos los límites de esta codicia, vienen de un inframundo, del lado oscuro de la fuerza. Y todo sucede así por no tener la energía para levantarnos, para proponer y realizar por nuestra propia cuenta formas distintas de organización social, formas adecuadas a cada grupo social, por qué no rescatar la idea de la autogestión, comenzando por uno mismo. Recuperar la tierra, quitarle la tierra a la máquina, volver a los inicios, volver a nuestro tamaño animal. No sé cómo, ah… si yo supiera cómo, pero no lo sé.

elocuencia-de la imagen-del texto

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martes, octubre 07, 2008

¡Alguien vio a ese marica lloriqueando, gimoteando, gritando ay de mí?!!!

viernes, octubre 03, 2008

Todos los animales que usted ve en esta tienda fueron criados en cautiverio

Mi espíritu, que es eterno, sólo sabe agonizar.
Mi mujer, tan guapa, se acicala, se queja de cierta imperfección…

(…tan falso como los milagros que las cremas prometen,
el corazón me late
lento,
caldo tibio y lentejas recorren mis venas)

Se prepara para entregarse, hermosa, al sueño,
mientras, mi mirada se pierde,
torva y pasmada, en los espasmos…

(y ella acaricia sus piernas pretextando untarse crema
y yo no puedo ni verla
y nuestro amor parpadea
como el piloto de nuestro boiler
que ya no sirve y se apaga:
Vámonos a España, niña,
acaso allá entre los muertos pueda renacer el niño y el perro
y no habrá más ojos tristes ni más inútil espera)
(Acaso allá pueda amarte
como el animal que soy y no se reproduce en cautiverio)

…en las revoluciones del ventilador
que peligroso pende del techo se hunde.

Mi espíritu, alma, fantasma o conciencia
sufre de un mal metafísico,
el eterno es el que sufre, lo eterno es el malestar.
¿Qué placeres puede hallar el fantasma
en los dolores mundanos de la gente hormiga?
Los viejos dinosaurios en el fondo del mundo
tendieron la trampa y ya no hay forma de vida que no sea el cautiverio;
vivimos, comemos, hacemos cosas como trabajo, amor, escuela
en un triste encierro de rejas enmarañadas,
crecidas por dentro
como esas raíces de árbol
que escarban la ruinosa roca de las paredes.
Yo sé de adjetivos, no de verbos.
Yo sé de paredes pero nada de árboles,
no sé sus nombres y ellos tampoco saben
y por eso son árboles, inútiles y bellos
que en silencio producen el oxígeno que respiramos,
junto con las algas:
continuar y seguir,
qué nos queda sino continuar y seguir.

De como escribiendo demuestra uno lo que ignora

Una de las cosas más extrañas de vivir en esta ciudad es pensar que cuando yo nací esto no existía. Las calles que piso son más jóvenes que yo; los árboles más viejos, pocos donde los hay, son los sobrevivientes de un tiempo de selva, un tiempo ya muerto sin gente con chanclas, trajes de baño y niños con cubetas y palas de plástico. Cuenta mi mamá que ella y papá vinieron de vacaciones cuando yo era apenas la sorpresa creciente en su vientre, después de que un par de semanas antes un médico que no sabía lo que decía les había dicho que no podrían tener hijos. No había más que un par de hoteles en la playa, dice mamá, a Xel-há podías entrar así nomás, libremente, sin taquillas sin lujos sin carreteras de cuatro carriles, dice papá. Luego llegó la hecatombe que imagino así: estaban un día tres genios, un genio de la mercadotecnia, un genio de la economía y un genio de la política, tomando cervezas y cacahuates en un tugurio de Florida y tras un mal chiste coincidieron en que éste era el lugar propicio para desarrollar el capítulo dos de Miami, o algo así. Por decreto se decidió explotar este paraíso, que es tanto como decir que se le condenó a morir por sobredosis de concreto. En la caricatura del pájaro loco había una secuencia recurrente que ilustraba el proceso de fabricación de los palillos: un tronco entraba en una gran máquina y del otro lado salía un palillo, pienso que esa es la gran imagen que ilustra lo que sucede en el mundo: la transformación de lo fastuoso, de lo bello y sublime, en escarba-dientes y papel de baño con olorcito y aloe vera. De un lado entra una selva tropical, del otro salen cuartos de hotel con aire acondicionado y muchos dólares. Aloe vera para el culo.
Todo está interconectado, todos tenemos nuestra parte de culpa en el desequilibrio. Esencialmente hay dos posturas frente al desastre: una es tratar de luchar contra él, corrigiendo o intentando corregir lo que estuvo mal siempre y la otra, mi favorita muchas veces, es dejar de luchar y apresurar la caída. Como decía el poeta catalán de apellido Fonollosa, más valdría destruir el mundo y no crear otro.
Invento este espacio para quejarme, para no hacer nada y hacer como que hago algo, paso de incógnito entre mis desconocidos semejantes. Aquí en el café pongo cara de pensar algo, de estar construyendo con palabras una gran obra, la gran novela capaz de desmantelar un mundo creando otro.
El talento existe, la inspiración es fugaz, el oficio se construye, en la vida no hay caminos, nos amamantan con mentiras, bloquean nuestros sueños, nos ridiculizan, violentan nuestras almas, nos convierten en palillos. Mi sueño era otro, cuando sea grande seré más pequeño, ser grande es convertirse en palillo, eso no se aprende en la escuela, la escuela es la primer máquina de desinformación, la verdad es relativa, la neta es absoluta. El talento, la inspiración, el oficio no visten este cadáver: comes mucho para estar muerto, cagas mucho para estar muerto, coges mucho para estar muerto, sueñas mucho para estar muerto. Creí, voté, estudié, amé y hoy no hay árbol al que no envidie. Los árboles, ay, los árboles, ay de mí.
Hey! Recuerda, es sólo un paseo:
It is just a ride.

jueves, septiembre 18, 2008

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Cartas

Tengo el especial talento de escribir cartas que los destinatarios no pueden responder. Supongo que es por una ñoña amabilidad y un desenfrenado sentimentalismo maricón que no sé de dónde me sale cuando escribo una carta. Una vez a un amigo trotamundos que aprecio aunque apenas he visto un par de veces en mi vida, le escribí, sin venir al caso, que lo consideraba una excelentísima persona, un ser humano honesto y sincero, sencillo y buena onda, algo así. Nunca más volví a saber de él. No sé si tanto elogio le pareció sospechoso, no sé si pensó que yo era un gay de closet tratando de insinuar algo más, no sé. Y esta historia con otros matices se ha repetido en el mismo escenario epistolar.
No lo puedo evitar, cuando escribo soy sentimental, de qué podría escribir uno sin serlo. Diría que todas las cartas que escribo son cartas de amor, pero no es así, también he escrito cartas de odio, muy sentimentales también. Una vez otro amigo aguanto una carta horrible que le envié cuando yo sospechaba que una mujer que amé me había engañado con él, la respuesta con el tiempo ha dejado de importar, pero en aquel momento la paciencia de aquel amigo salvó la amistad.
Durante un año le escribí a... llamémosle Ana María, una carta diaria, o casi diaria. Ella guardó todas y casi me abrieron el camino a su corazón... llamémosle entrepierna, pero al final no pasamos de unos buenos fajes cuando ella estaba medio ebria, pero las cartas se perdieron con todo el valor literario que ahora creo que tenían. Ana María estaba buenísima, era hija de un médico acaudalado, vivía en una casa enorme en el estado de México y aún recuerdo las fiestas en su casa como las mejores de mi juventud. Fumaba y bebía como carretonera, tenía los abdominales marcadísimos, una sonrisa contagiosa y unas nalgas redonditas y duras. Luego de las cartas nos olvidamos aunque ella más que yo, que no olvido. Cuando estuve en España conocí a una gallega, nos hicimos amigos y prometimos escribirnos pero el problema con mis cartas irrespondibles silenció la amistad para siempre, a veces la recuerdo, un poco y siempre con cariño y nostalgia. Luego están las cartas de la innombrable que se han ido espaciando hasta hacerme sospechar que, finalmente y a Dios gracias, me ha olvidado por completo, lo cual celebro, pero siempre que pienso que eso acabó, que sólo quedan recuerdos fragmentados, imprecisos y felices, aparece, como rata al fondo de un cajón olvidado, una carta suya en mi correo y, en cierta forma todo se repite y se revuelca en mi cerebro como un gato encerrado en un costal.
Aunque nadie pueda corresponder a la emoción de mis cartas seguiré escribiendo cartas.

El paraíso vendido 1

Después de tanto tiempo de fumar marihuana y dejarla abruptamente uno se queda con la sensación de un amor perdido. También es, la sobriedad repentina, una nueva forma de intoxicación, una ebriedad en negativo. Eso pensaba David aquella mañana de agosto en que las nubes negras de la lluvia inminente cubrían toda la costa. Los turistas habían salido despavoridos ante la noticia de la proximidad del meteoro que le tocaba esta vez llamarse Guillermo y que amenazaba con devastar toda la línea costera. David miraba el mar en sus patrullajes, tenía la encomienda de cuidar la playa privada del hotel, o mejor dicho el pedazo de la playa que el hotel había cercado y reservado para sus huéspedes. Más de una vez le habían llamado la atención por quedarse alelado mirando el mar y en una ocasión habían prometido correrlo si reincidía. Para él, aunque no lo pensaba exactamente así, el mar era como el pasado, que a su vez era la memoria que al final era la vida. No habría intentado siquiera explicar esta idea que sólo intuía pero no podía formular claramente. La vida se iba acumulando en la memoria, cada vivencia desplazaba a la siguiente y la apretaba contra el fondo del cráneo y los recuerdos viejos, a fuerza de ser presionados, se iban deformando hasta volverse casi irreconocibles; luego, como en un oleaje, a lo largo de las horas de vigilia las olas eran el flujo del pensamiento que es parte memoria, experiencia, recuerdo y nunca cesaban, y en la noche, los sueños eran ese mismo mar pero transfigurado por la plateada oscuridad de la luna, quebrada en trocitos incontables, temblorosa sobre la superficie del mar y también las olas misteriosas de la noche y también las tortugas. Debido a la naturaleza de su trabajo le había tocado ver cómo las tortugas salían a desovar en las noches de luna, siempre, un flujo de tortugas, supervivientes de toda devastación, en peligro constante gracias al hombre, siempre esa lucha por la supervivencia, donde quiera que mirara. Y una mañana aparecía en el mapa un huracán y eso daba tiempo para pensar mirando el horizonte sobre la playa desierta. Como una gaviota, como una monjita persiguiendo la orilla del mar en busca de restos de plancton.

martes, septiembre 09, 2008

Claridad

Despierto
eso es todo
no puedo decir más por ahora
pienso mucho y no puedo escribirlo
el mundo me abruma
no entiendo casi nada
cuando tenga alguna claridad
podré escribir
sólo entonces
no ahora

Mentiras: Los lemmings

Los lemmings son unos roedores que habitan en algunas regiones árticas de Norteamérica y Eurasia. Siempre creí que eran una buena metáfora del ser humano, caminando ciegamente hacia un despeñadero, ahogándose por miles, estúpidamente, en el ártico. Sin embargo gracias a Google y a la Wikipedia* en español salí de mi error. He aquí lo hallado:

White Wilderness es una película documental producida por Disney en 1958. Fue dirigida por James Algar, y su rodaje se llevó a cabo en Canadá a lo largo de tres años. La película ganó un Oscar en la categoría de mejor documental en 1959, así como un Oso de Oro en el Festival de cine de Berlín, también en la categoría de documental.
White Wilderness contiene una escena que supuestamente muestra la
migración de los lemmings y el suicidio en masa de estos animales arrojándose al Ártico. En realidad no se trata de la filmación de una migración real. La secuencia entera fue filmada por James R. Simon en Alberta, Canadá, región que no es un hábitat natural de los lemmings y que ni siquiera tiene costa. Los realizadores compraron algunos lemmings en cautividad y los transportaron al lugar del rodaje. Una vez allí, los colocaron sobre una superficie artificialmente cubierta de nieve y los filmaron desde varios ángulos para intentar crear el efecto de una migración en masa. Finalmente, filmaron a los lemmings mientras estos, inducidos por los propios documentalistas, se precipitaban por un barranco. El narrador de la película afirma que los animales están cometiendo suicidio,[] cuando en realidad no es cierto que los lemmings se suiciden. Este documental ha contribuido con el paso del tiempo a mantener dicho mito.
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* Véase: http://es.wikipedia.org/wiki/White_Wilderness

viernes, agosto 15, 2008

Moving People

Una democracia sin gobierno, el sueño, la anarquíautopía. Regresé hace dos días de mi viaje. Crucé la frontera en Tijuana, vi el terrible contraste, caminé bajo el sol del mediodía, entre gente que pasaba de un país a otro, sudando, con la camisa blanca de algodón pegada al cuerpo. Me tuve que bajar ahí y no hasta el aeropuerto como en un principio tenía planeado porque tenía que ir a entregar mi permiso: esto implicó una caminata angustiosa cargando 25 kilogramos de equipaje, bajo el sol, sobre rampas inclinadas, en una nube de smog, sudor, la camisa pegada. Luego tuve que tomar un taxi que me llevara al aeropuerto.

Debo admitir que Estados Unidos es un lugar bonito, no sé si feliz, en general en California la gente se ve más feliz que aquí. Hay mucha acera para caminar, hay mucha más educación vial, calles limpias, muchos árboles, cielos azules, fresca brisa de verano.

Cuando hablo de California me acuerdo de ella, estando allá padecí algunos sueños. Es insondable la voluntad del subconsciente.

Pensé mucho mientras esperaba mi avión. Vi a un voluptuoso travesti en una cafetería, traté de dormir un poco sin lograrlo. Compré una botella de 500 ml de agua que me costó 25 pesos. Hablé con mi mujer. Pensé en tener hijos. Me pregunté qué sería de mi vida futura, me lo sigo preguntando. Tocado muy joven por la poesía, pero no tanto como para llamarme precoz, escogí la carrera de la literatura y luego traté de desertar sin lograr desasirme por completo de ella, albergando sueños de gloria sin fundamento alguno, secretamente llevando este blog. Buscando entender en palabras el mundo como lo veo.

Leo en el baño un ensayo de Alfonso Reyes[1], cito:

Nunca quise disimularte que el andar en suertes poéticas es una temeridad y un peligro […] Si entras aquí, no será por juego, no será por pasar el rato. Mira a los que se han asomado a la poesía y después desertan (casi todos dan en políticos profesionales), cómo conservan para toda la vida una llaga irrestañable de odio. Si entras aquí, abandona toda esperanza: estás, para siempre, entre la perduta gente, entre los poetas.

No fue agradable regresar a México, no es una experiencia recomendable visitar Tijuana, quizá si eres turista gringo y tienes 20 años y muchas ganas de beber, follar y drogarte le encontrarías algún sentido recreativo, tal vez si fueses escritor guiñolesco, si fueras Goya.
Por ejemplo esto: veo a un gringo con su hijo de la mano, van de regreso a Estados Unidos, no recuerdo la expresión, los recuerdo como una idea, la idea de esta historia:
Un día un niño preguntó su a su padre por qué los mexicanos emigraban masivamente hacia Estados Unidos; el padre lo lleva a Tijuana, el niño mira y entonces dice que ahora lo entiende, el tampoco querría vivir ahí. Tijuana es una aberración, una hemorragia, una terrible muralla de ignominia, de desigualdad, de dominio, de poder. Es el espejito en que se mira México. Siempre que he salido del país he sentido esta misma sensación. ¿A qué volver?



P R O Xi M A m E n Te

Lemming nation, lemming planet.
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[1] Reyes, Alfonso. Algunos ensayos. Unam, 2002, col. Poemas y ensayos. México, p 231.

lunes, agosto 11, 2008

La red no deja de sorprenderme, tenia que ser una burrada de los gringos

You eat eight spiders every year in your sleep. True?

Nope, says MythBusters. There's no evidence that spiders secretly crawl into our mouths while we're sleeping. Even if you were lying perfectly still, your breathing would scare a spider off, so it's unlikely to hang out around your mouth. Alas, the bad news: You probably consume more spiders when you are awake -- in your food. Here's why: The Food and Drug Administration guidelines allow a certain level of whole insects or parts in some food products, such as those containing fruits or vegetables. Yum.

sábado, agosto 09, 2008

In the west coast

Te han salido bien las cosas desde que resides en este lado del mundo,
no te culpo, yo hubiera hecho lo mismo en tu lugar,
o quizá no, quizá seguir aquí, entre las cenizas de una ciudad interminable,
recordando lo que la vida pudo ser.
En la oficina,
en el camión,
en la desoladora compañía de las mujeres
en el supermercado,
en el invierno frío de los trópicos elevados,
en los edificios elegantes bebiendo tragos de a dólar,
jugando cartas in Vegas,
entre las piernas de una prostituta de cien dólares en Acapulco,
en todos los sitios que conozco,
en los que jamás conoceré,
en el anochecer,
al mediodía,
en la ducha,
durante el insomnio,
durante el sueño,
en ayunas,
siempre ella,
su rostro revuelto con sus piernas,
con su vagina prodigiosa con su boca y mi escroto.
Un hermoso tractum rectal dilatado suavemente por mi lengua primero y después
de un buen golpe abierto,
violentado por mi verga.
No.
Un heroico tratado recital suavemente por mi lengua primera contado y después…
Eran casi todos recuerdos sexuales.
Pornografia,
memoria de imágenes apenas vinculadas con alguna sensación real.
Un espejismo, una sed constante.
Lo más importante de tener una mujer hermosa está estrechamente vinculado con la imagen que tienen los otros de nosotros,
lo dice en algún lugar Kundera
y es verdad.